Capítulo 3

Una mirada subnacional de la
adaptación al cambio climático

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Milagros Sanchez

Milagros Sanchez es licenciada en Ciencias Ambientales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), diplomada en Desarrollo Ecosistémico y Economía Circular - Edición Especial: Ciudades Sostenibles de la Universidad Nacional de Rafaela (UNRAf), y maestranda en Derecho y Economía del Cambio Climático de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

Actualmente, se desempeña como asesora en la Gerencia Operativa de Cambio Climático de la Agencia de Protección Ambiental (APrA) del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA). Previamente, desde la Fundación Club de Roma Argentina, codiseñó y coordinó proyectos de resiliencia urbana en concordancia con el propósito de desarrollar soluciones innovadoras vinculadas al cambio climático. A su vez, trabajó como consultora del Plan de Acción Climática de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La consultoría consistió en aplicar los lentes de inclusión en la actualización del Plan de Acción Climática de la Ciudad.

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Yasmín Tramannoni

Yasmín P. Tramannoni es licenciada en Ciencia Política de l a Universidad de Buenos Aires, diplomada en Gestión Política del Cambio Climático en América Latina y el Caribe >por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario y tiene estudios cursados en la maestría en Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Actualmente se desempeña como investigadora independiente en cambio climático y adaptación. En este marco, participó como consultora en adaptación para el apoyo a la elaboración del plan de respuesta de la provincia de Buenos Aires. Con anterioridad, ocupó el cargo de Líder de Sustentabilidad en AmCham Argentina. Como activista ambiental actualmente coordina el Comité de Adaptación de Consciente Colectivo, una organización de la sociedad civil socioambiental con sede en Argentina.

Los gobiernos subnacionales son actores clave para transformar los desafíos locales en visiones, metas y acciones concretas de adaptación al cambio climático. Dada su presencia en los territorios, son quienes conocen en detalle los retos y las oportunidades de las distintas jurisdicciones, así como las necesidades y capacidades cambiantes de las comunidades locales. Además, a causa de tratarse de autoridades visibles y próximas a la ciudadanía, son quienes deben responder con urgencia ante la ocurrencia de fenómenos climáticos locales.

Para posibilitar que los territorios donde se sienten los impactos se adapten a las consecuencias del cambio climático, es imperante hacer hincapié en varios aspectos. En primer lugar, en la participación de los gobiernos subnacionales y locales a nivel nacional. En segundo lugar, en sus estrategias de adaptación al cambio climático. Y, en tercer lugar, en el vínculo entre las diferentes esferas de gobierno y su interacción con el ámbito privado.

En el presente capítulo se ahonda en la adaptación al cambio climático desde la perspectiva subnacional y local destacando cómo, desde su abordaje, se pueden propiciar comunidades y territorios más resilientes e inclusivos.

Niveles de gobierno en la adaptación al cambio climático

El anfiteatro de la gobernanza climática se encuentra integrado por una gran multiplicidad de actores, cada cual con un rol, responsabilidades y atribuciones distintivas pero que, de manera colectiva, contribuyen al alcance de las metas y objetivos climáticos que cada país se propone. A lo largo de la historia y a través de distintos procesos de descentralización, el accionar de los gobiernos subnacionales ha cobrado centralidad en la formulación e implementación de leyes y políticas, ya sea porque poseen competencias compartidas con el gobierno nacional o porque constitucionalmente se reconoce su competencia para dictar normas. En el presente capítulo se hace referencia a lo subnacional entendido como "las instituciones, sistemas y procesos que existen en niveles inferiores al nivel nacional, incluido el nivel local" (Dazé et al., 2016).

Debido a la cercanía con sus comunidades, los gobiernos subnacionales suelen contar con más herramientas al momento de evaluar las necesidades de desarrollo de sus territorios, la identificación de sus sectores más vulnerables o realizar diagnósticos de riesgos climáticos en clave local; sin embargo, el intercambio, apoyo y el acompañamiento de las áreas de gobierno nacionales suele ser crucial.

De igual forma, debido a la inmensa pluralidad y diversidad subnacional, los gobiernos nacionales requieren una comunicación continua que les permita retroalimentar su trabajo.

A continuación, se analizan dos conceptos que permiten entender el vínculo entre el gobierno nacional y los gobiernos subnacionales en materia de adaptación al cambio climático.

El contexto de la gobernanza multinivel: procesos de integración vertical y horizontal

La acción climática no tiene dueño, sino que es llevada a cabo por una gran multiplicidad de actores, tanto públicos como privados. Dentro del ámbito público la acción climática es impulsada desde distintos niveles gubernamentales; lo que termina convirtiendo a la gobernanza climática en un proceso multinivel. La gobernanza multinivel se entiende como la interacción entre entidades públicas de distintos niveles de gobierno, a partir de la cual se reconoce una creciente conectividad e influencia (Hooghe y Marks, 2001; Sainz de Murieta y Setzer, 2019). De esta forma, las acciones que se llevan adelante para hacer frente a los impactos del cambio climático son compartidas entre las diferentes esferas de la gobernanza tanto a nivel nacional como subnacional y local.

Como se puede observar, este tipo de vinculación es multidimensional, por lo que otro concepto complementario característico de los procesos de gobernanza climática entra en juego: la integración vertical. La integración vertical requiere una estrecha coordinación y colaboración entre los distintos niveles de gobierno con el fin de asegurar que la planificación y la implementación de las políticas y medidas de adaptación sean coherentes y efectivas.

En términos de definiciones, la integración vertical es "el proceso de establecer vínculos estratégicos e intencionados entre la planificación, la implementación y el seguimiento y evaluación (S & E) nacionales y subnacionales de la adaptación" (Dazé et al., 2016).

La integración vertical parte del reconocimiento de los gobiernos y agentes subnacionales como actores relevantes y con funciones específicas en el progreso en la adaptación. Se suelen destacar tres dimensiones principales que ordenan este proceso:

  • La planificación
  • La implementación
  • Los sistemas de seguimiento y evaluación (S & E). Este proceso es continuo, flexible y repetitivo; lo que involucra enfoques descendentes y ascendentes en términos de experiencias y conocimientos que se comparten entre las distintas escalas y a lo largo del tiempo. Por otro lado, existen tres factores que facilitan este proceso:
  • La existencia o creación de acuerdos institucionales
  • El intercambio de información
  • El desarrollo de capacidades (véase Cuadro 1) 

Cuadro 1.  Plan nacional de adaptación y mitigación al cambio climático de Argentina (2022)                        

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Para la formulación del Plan nacional de adaptación y mitigación al cambio climático (PNAyMCC) de la Argentina, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible argentino propuso instancias de capacitación, intercambio de información y encuentros presenciales y virtuales con las distintas áreas especializadas de las veintitrés provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Los riesgos climáticos que se mencionan fueron identificados a través de la metodología de "cadenas de riesgo" en conjunto con los gobiernos subnacionales, según las distintas regiones del país.

Estos tres factores, aplicados a cada una de las dimensiones que se mencionaron con anterioridad, permiten identificar si existe la necesidad de modificar o establecer nuevos marcos normativos para garantizar la interacción institucional entre las distintas áreas de gobierno.

Mediante ellos se puede identificar vacíos y brechas de información, lo mismo que asegurarse de que los conocimientos y saberes de pueblos preexistentes sean incorporados. Y también posibilitan reconocer necesidades y fuentes de financiamiento. Las lecciones aprendidas a nivel subnacional pueden nutrir las políticas nacionales y viceversa; lo que, en ocasiones, puede dar como resultado mejores políticas, la puesta en marcha de medidas de adaptación más ambiciosas y soluciones más novedosas.

Dentro del contexto de la gobernanza multinivel hay otro concepto clave a considerar, que es el de la integración horizontal, entendido como un proceso en el cual "los actores o sujetos de la relación disponen de un similar nivel jerárquico y llegan a determinados acuerdos sin recurrir a una instancia jerárquica" (Ilari, 2015). Este proceso facilita la retroalimentación de aprendizajes entre las áreas o instituciones gubernamentales que se encuentran en un mismo nivel. A su vez, en combinación con la integración vertical, ambos procesos pueden facilitar y hacer más eficientes la aplicación de estrategias de adaptación.

Colaboración entre gobiernos subnacionales y locales

El reconocimiento de los gobiernos subnacionales como un actor con un involucramiento activo en materia de adaptación al cambio climático hoy ya es indiscutido. Aun en aquellos países en los que la estructura de gobierno central detenta mayor poder y responsabilidades, los gobiernos subnacionales muchas veces son los que tienen autoridad para actuar en ámbitos jurídicos importantes para la adaptación al cambio climático, como pueden ser el uso del suelo, la vivienda, la gestión de riesgo de desastres y sobre los servicios ecosistémicos de sus territorios (Sainz de Murieta y Setzer, 2019).

A medida que su rol ha tomado un lugar más estratégico, han surgido oportunidades de colaboración e intercambio entre los mismos gobiernos subnacionales y locales con el objetivo de compartir conocimientos, influenciar de manera colectiva la toma de decisiones a nivel nacional, generar iniciativas estratégicas vinculadas a las necesidades de sus territorios y la de los gobiernos vecinos, entre otras. Estas alianzas estratégicas pueden darse en el ámbito del mismo territorio nacional, así como también pueden atravesar las fronteras de sus respectivos países (véase Cuadro 2). Las razones que incentivan las colaboraciones son diversas, pueden surgir a partir de diagnósticos compartidos con respecto a una problemática de adaptación determinada, por poseer una misma visión con respecto a cuáles son las medidas de adaptación al cambio climático más adecuadas, por intercambio de conocimientos o por búsqueda de financiamiento.

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Cuadro 2. Regions4 Sustainable Development. La organización Regions4 se creó en 2022 como la Red de Gobiernos Regionales por el Desarrollo Sostenible (Nrg4SD, por sus siglas en inglés). En el 2019 se convierte en la actual Regions4, una red mundial de gobiernos regionales (estados, regiones y provincias) especializada en el desarrollo sostenible, el cambio climático y la biodiversidad. En la actualidad representa a 41 gobiernos regionales de 21 países de 4 continentes. Regions4 es aliada estratégica de Regions Adapt, la iniciativa que busca inspirar y apoyar a los gobiernos regionales para que tomen medidas concretas, colaboren e informen sobre la adaptación al cambio climático.

Por otro lado, también existen numerosas experiencias vinculadas a coaliciones y redes entre gobiernos locales, las cuales posibilitan que se entablen colaboraciones para desarrollar una acción climática local más ambiciosa. Otro punto importante a destacar se refiere a que, a partir de estas alianzas, se crean oportunidades para reunir a los tomadores de decisiones (por ejemplo, alcaldes y líderes de las ciudades). De este modo es posible compartir el trabajo en materia de adaptación al cambio climático de distintas jurisdicciones y dar a conocer cómo implementar las mejores prácticas en otras áreas metropolitanas. Estos vínculos entre actores locales se pueden establecer tanto a escala internacional (véase Cuadro 3) como a escala nacional (véase Cuadro 4).

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Cuadro 3.  Red C40. C40 es una red global fundada en octubre de 2005 en la que participan alrededor de 100 alcaldes de ciudades que están unidos en la acción para hacer frente a la crisis climática. Los alcaldes de las ciudades C40 asumen, a través de un enfoque inclusivo, colaborativo, y basado en la ciencia, el compromiso de reducir a la mitad sus emisiones para 2030 y construir comunidades saludables, equitativas y resilientes.

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Cuadro 4.  Red Argentina de Municipios Frente al Cambio Climático (RAMCC). La RAMCC se creó en 2010, en las Primeras Jornadas Internacionales Municipios y Cambio Climático. La coalición congrega a más de 285 municipios y comunas de Argentina. Su objetivo es impulsar y ejecutar proyectos o programas municipales, regionales o nacionales, relacionados con la mitigación y adaptación al cambio climático, a partir de la movilización de recursos locales, nacionales e internacionales. La RAMCC coordina e impulsa planes estratégicos para hacerle frente al cambio climático. Entre sus compromisos, se destaca aumentar la resiliencia de las ciudades frente a los fenómenos climatológicos extremos.

Dentro de los objetivos que estas coaliciones persiguen se encuentra el de incentivar la coordinación y canalizar esfuerzos comunes para el desarrollo de planes de acción climática.

Dependiendo de la división política-administrativa de los diferentes territorios y los marcos normativos de cada país, la planificación en materia de adaptación al cambio climático puede ser impulsada por los gobiernos tanto a nivel subnacional como local.

En el apartado siguiente se abordarán los principales conceptos, características y ejemplos de la planificación de acción climática estratégica a nivel local.

Planes locales de acción climática

La planificación estratégica de la acción climática a nivel local resulta fundamental para hacerle frente al cambio climático. Los planes de acción climática representan la principal herramienta utilizada por gobiernos locales, especialmente por las ciudades, para establecer sus hojas de ruta hacia nuevos paradigmas urbanos que propicien la carbono neutralidad, resiliencia e inclusión.

Los planes de acción climática son documentos de planificación estratégica de una ciudad o municipio para desarrollar políticas y programas para reducir (o mitigar) las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), y adaptarse a los efectos del cambio climático (Boswell et al., 2012; C40, s. f.b; Red Argentina de Municipios Frente al Cambio Climático, s. f.b).

El objetivo último de los planes es definir un camino con metas y acciones concretas para enfrentar al cambio climático en una jurisdicción específica (Aguilar et al., 2021a). Los planes de acción climática, además de actuar como guía para los tomadores de decisiones, posibilitan concientizar al sector privado sobre la necesidad de priorizar inversiones que estén alineadas con los objetivos de desarrollo adoptados por los planes (Aguilar et al., 2021a).

Abordaje de la adaptación al cambio climático en los planes de acción climática

Adaptar las jurisdicciones a los efectos del cambio climático requiere planificación local estratégica. Por consiguiente, los planes de acción climática representan una oportunidad para elaborar la estrategia de adaptación al cambio climático de las distintas jurisdicciones, considerando sus singularidades específicas.

Existen dos aproximaciones características para abordar la adaptación al cambio climático en los planes:

- Centrar el plan en la adaptación al cambio climático (véase Cuadro 5)

- Integrar en la planificación urbana la mitigación y la adaptación al cambio climático (véase Cuadro 6). El primer grupo puede abordar la adaptación desde distintas perspectivas, entre los que se destacan los siguientes enfoques: de vulnerabilidad social enfocados a los problemas sociales subyacentes, de resiliencia focalizados en incrementar la capacidad de adaptación de un sistema, y de adaptación con acciones dirigidas a riesgos específicos del cambio climático (Aguilar et al., 2021a).

En cuanto al abordaje conjunto de la mitigación y adaptación al cambio climático en el ámbito urbano, existe consenso en la literatura sobre la necesidad de enfocarse en ambos para hacerle frente al cambio climático (Sharifi, 2021). Al implementar esta aproximación, es importante destacar que la adaptación debe ser considerada con el mismo nivel de relevancia que la mitigación (Sharifi, 2021). De este abordaje se destacan dos tipos de interacciones positivas entre las medidas de adaptación y mitigación: los cobeneficios1 y las sinergias2.

Evaluación de riesgos climáticos

Para diagnosticar las necesidades de adaptación de una jurisdicción es necesario desarrollar una evaluación de los riesgos climáticos. Conocer las principales amenazas climáticas del territorio permite desarrollar acciones de adaptación específicas de cada sitio en los planes de acción climática (véase Cuadro 7). La evaluación de riesgos climáticos se propone responder preguntas sobre las características de los peligros potenciales a los que se enfrenta el territorio (por ejemplo, frecuencia y severidad) e identificar las vulnerabilidades de las comunidades y la exposición potencial a los peligros dados (Aguilar et al., 2021b).

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Cuadro 5.  Plan de adaptación climática de Copenhague (2011). La ciudad de Copenhague en su plan de adaptación climática esboza los desafíos a los que la ciudad se debe enfrentar a corto y mediano plazo como consecuencia del cambio climático. A su vez, identifica soluciones que, basadas en la información disponible, considera más adecuadas y revela las oportunidades que el cambio climático puede ofrecer a la ciudad.

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Cuadro 6. Plan de acción climática de París (2018). El Plan de acción climática de París esboza la planificación estratégica para alcanzar el objetivo de ser una ciudad carbono neutral para 2050, adaptada a los eventos climáticos extremos y resiliente ante las crisis y los desastres. París aspira a ser una ciudad sostenible y equitativa para toda la ciudadanía.

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Cuadro 7.  Estudio de riesgos climáticos de la Ciudad de Buenos Aires (2020). La evaluación de la Ciudad de Buenos Aires comprende un análisis espacial de la peligrosidad de olas de calor e islas de calor urbanas, inundaciones, sudestadas y el riesgo específico sobre diferentes componentes del contexto urbano para el periodo histórico de corto plazo (2021-2040), a mitad de siglo (2041-2060) y los escenarios RCP4.5 y RCP8.5. El estudio, al brindar información para comprender las amenazas climáticas de la ciudad y sus potenciales impactos futuros, posibilita mejorar las condiciones de adaptación y resiliencia.

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Cuadro 8.   Plan de acción climática de Barcelona (2018). El Plan de acción climática de Barcelona presenta un abordaje integral de inclusión climática partiendo del hecho de que el cambio climático no afecta a todas las personas por igual, debido a que hay barrios más propensos a verse impactados negativamente por el cambio climático (dadas locaciones geográficas, situaciones socioeconómicas o calidad de las edificaciones), así como personas (debido a su edad, estatus o salud). El plan aborda desde una perspectiva de justicia climática cinco áreas: primero la gente, el comienzo en casa, la transformación de espacios comunes, economía climática, y construcción juntos, de las cuales se desglosan diez líneas de acción.

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Cuadro 9. Plan de acción climática de la ciudad de Buenos Aires (2021). La ciudad de Buenos Aires se propone ser carbono neutral, resiliente e inclusiva para 2050. La acción número 19 del plan, denominada "Integrando los barrios", establece como meta alcanzar el 100% de acceso a los servicios básicos para la población afectada por los procesos de urbanización para 2030. Buenos Aires identifica que los barrios populares se encuentran expuestos a mayores riesgos climáticos que el resto de la ciudad por su gran densidad, falta de ventilación y de infraestructura básica, características propias de las zonas donde se encuentran ubicados, y carencia de espacios verdes. Buenos Aires basa la acción en los siguientes ejes de integración: urbana (servicios públicos, criterios urbanos, transporte); habitacional (vivienda digna, seguridad legal de la tenencia) y socioeconómica (salud, ambiente, educación, seguridad, trabajo).

El diagnóstico de riesgo debe incluir:

- un análisis de las amenazas producidas y esperadas por el cambio y

   la variabilidad climática;

- la identificación del grado de exposición al fenómeno climático;

- una evaluación del grado de vulnerabilidad de la comunidad y de

 los sistemas (sociales, socioeconómicos, infraestructurales y am-  

   bientales) del territorio frente a dichos impactos; y

- una caracterización del nivel de riesgo (alto, medio o bajo) en función

  de la combinación de estos tres factores (Aguilar et al., 2021b). Así, la evaluación de riesgos climáticos de una jurisdicción resulta clave para construir la línea de base de la adaptación climática.

Acción climática inclusiva en el contexto local

En ciudades de todo el mundo, las desigualdades preexistentes se ven exacerbadas e intensificadas por el cambio climático. La acción climática debe responder a las necesidades singulares de cada comunidad en el contexto local para ser inclusiva y equitativa. La acción climática inclusiva significa tanto reducir los efectos del cambio climático sobre los más vulnerables como garantizar que los beneficios y las cargas de la acción climática se distribuyan equitativamente (Jaglom y Pfeiffer, 2019).

La perspectiva de inclusión es fundamental en el proceso de planificación de medidas de adaptación a nivel local. Incorporar los lentes de inclusión en los planes de acción climática propicia alcanzar las necesidades de diferentes grupos y comunidades en el ámbito urbano, y desarrollar acciones de adaptación más justas y equitativas en las ciudades y municipios (véase Cuadro 8).

Para poner énfasis en las personas y las comunidades en la planificación de la acción climática inclusiva es necesario hacer una evaluación de las necesidades (C40, 2019). A través de esta evaluación, las ciudades pueden identificar tanto a las comunidades más vulnerables al cambio climático como a las más sensibles a las acciones climáticas (véase Cuadro 9). Contextualizar las acciones climáticas en términos de quién se verá más afectado ayuda a las ciudades a garantizar que las acciones climáticas seleccionadas tengan el mayor impacto económico, ambiental y social.

Para garantizar la acción climática inclusiva en las ciudades, según C40 hay tres aspectos prioritarios a considerar para definir el nivel de equidad de las acciones, estos son: acceso, lugar y prosperidad (vér figura 1). Dado que el acceso a los servicios y las políticas difiere entre sectores de la población urbana, es necesario incorporar esta variabilidad para diseñar políticas climáticas que lleguen al máximo número de personas. En este sentido, se deben evaluar las causas de la marginación (o exclusión social) y la falta o ausencia de acceso para ciertos grupos. Es necesario descifrar desafíos clave en torno a la movilidad económica y la asequibilidad. Y hay que analizar cómo se distribuyen espacialmente los servicios y las políticas, y si existen desigualdades espaciales. La aplicación de los lentes de inclusión adecuados para el contexto local —que responde a los tres aspectos prioritarios— permite comprender cómo la acción climática podría ser inequitativa (por ejemplo, no disponible) para grupos prioritarios y comunidades de primera línea afectados.

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Figura 1. Lentes de inclusión: tres aspectos clave para planificar y diseñar acciones climáticas con resultados justos e inclusivos en las ciudades.

Fuente: Sanchez, Milagros a partir de Recursos C40 para la Acción Climática Inclusiva.

Las empresas como actores de cambio en la adaptación al cambio climático

Hasta este punto del capítulo, quedó en evidencia que la articulación y los procesos colaborativos e inclusivos de los gobiernos subnacionales son fundamentales para alcanzar de manera efectiva los objetivos de adaptación al cambio climático que tienen establecidos. El siguiente apartado se propone incorporar a un nuevo actor clave dentro de esta perspectiva: las empresas. En los últimos años el sector corporativo ha demostrado una evolución en su vínculo con la problemática del cambio climático. No todas las empresas tienen la capacidad de mejorar y actualizar su propuesta de valor a las necesidades de la crisis climática y su urgencia (de hecho, hay rubros que van a dejar de existir como tales y eso es una buena noticia para el planeta), pero sí se pueden identificar nuevos aportes y estrategias que hacen a una ciudadanía corporativa activa y responsable.

Dentro de los ejemplos se pueden mencionar a las empresas de triple impacto que, a partir de la construcción de modelos de negocios armoniosos con los ecosistemas naturales y las personas, han sabido poner en jaque el paradigma de las empresas tradicionales depredadoras que sólo buscan generar más rentabilidad a cualquier costo. Estos modelos de empresas y muchas otras que se encuentran en procesos de reconfiguración interna reconocen que es más rentable realizar aportes en torno a la resiliencia climática, dado que conlleva múltiples beneficios: se evitan pérdidas económicas, se reducen las incertidumbres y las externalidades negativas, a la par de que surgen nuevas oportunidades, formas de empleabilidad y maneras más eficientes de operar.

Ante la mirada internacional, el sector corporativo está dejando de ser visto solamente como una fuente de financiamiento y comienza a ser considerado como un actor que tiene un papel central en la promoción de políticas climáticas. Puede generar y transferir conocimiento, aportar mayor transparencia sobre los procesos y brindar la "estructura de gestión para planificar e invertir en la adaptación necesaria para evitar los efectos más perjudiciales a corto plazo" (International Labour Organization, 2022). Cada vez más empresas identifican la importancia de colaborar con los gobiernos (en todas sus escalas) y otros actores clave para abordar de manera conjunta los desafíos del cambio climático (véase Cuadro 10). En este sentido, las empresas reconocen que deben aumentar su interés en los asuntos vinculados a la planificación, financiación y aplicación de medidas de adaptación. Por otro lado, las alianzas con el sector público también pueden ser beneficiosas en la medida en que todavía existen "lagunas en el conocimiento sobre los impactos climáticos para las empresas, las políticas climáticas que deben promover y lo difícil que será la transición a modos de producción compatibles con los objetivos actualmente establecidos para evitar los peores escenarios" (International Labour Organization, 2022).

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Cuadro 10.  Business for Nature. Business for Nature es una coalición que reúne a empresas, organizaciones empresariales y conservacionistas de todo el mundo con el objetivo de incidir en la adopción de políticas públicas para revertir la pérdida de biodiversidad y proteger y restaurar los ecosistemas naturales. La coalición trabaja con empresas de distintos sectores y tamaños para impulsar la acción y el compromiso corporativo, a la vez que unifican los pedidos en torno a una mayor ambición climática por parte de los gobiernos. La coalición promueve medidas de adaptación al cambio climático como una parte esencial para proteger la naturaleza y garantizar la sostenibilidad empresarial a largo plazo.

Cabe destacar que las empresas se encuentran vinculadas con los territorios en los que se desarrollan sus operaciones y no son ajenas a los efectos del cambio climático. Por esta razón, resulta una acción estratégica el desarrollo de medidas de adaptación para que, ante la ocurrencia de fenómenos climáticos (por ejemplo, ocurrencia de olas de calor), no se vean afectadas las personas trabajadoras (por ejemplo, golpes de calor al desarrollar su actividad al libre), ni su producción (por ejemplo, cese de actividad por cortes de luz).

Aún más, las empresas tienen la oportunidad de propiciar territorios más resilientes (por ejemplo, la realización de inversiones que estén alineadas con los objetivos de desarrollo adoptados por los territorios, o la transformación del sector corporativo a una lógica de triple impacto) y convertirse en agentes de cambio ante las implicancias del cambio climático.

Reflexiones finales

Los gobiernos subnacionales, debido a su presencia territorial y a su vínculo estrecho con la ciudadanía, presentan una oportunidad única para hacerle frente al cambio climático porque actúan como catalizadores de los comportamientos individuales, colectivos y de las medidas necesarias a implementar en las distintas jurisdicciones ante las implicancias del cambio del clima. La singularidad de estos agentes radica en la cercanía. Cercanía a la comunidad, al territorio, a los actores locales, a los agentes de otras esferas de gobierno y a la acción. Como se ha mencionado a lo largo del capítulo, para lograr una acción climática ambiciosa en materia de adaptación es necesario incorporar y valorizar la perspectiva subnacional. Desde el ámbito subnacional se pueden desarrollar diagnósticos de riesgos, vulnerabilidades y necesidades; identificar oportunidades para la acción climática; accionar en red y generar sinergismos entre actores locales y externos a las jurisdicciones. Por consiguiente, los gobiernos subnacionales se tornan fundamentales para gestionar los riesgos y las vulnerabilidades climáticas locales.

A partir de las interacciones entre los distintos niveles de gobierno se generan mecanismos de coordinación que resultan fundamentales para aplicar la adaptación. A modo de ejemplo, todavía existen importantes desafíos para los gobiernos subnacionales y locales en materia de acceso al financiamiento y suelen contar con estructuras internas con escasa capacidad técnica, dos ámbitos en los cuáles los gobiernos nacionales pueden brindar apoyo y generar capacidades. Por otro lado, la conformación de alianzas entre los propios actores subnacionales y locales muchas veces permite que se canalicen los esfuerzos en torno a la generación de instancias de formación, y hace que se fortalezca la coordinación para el desarrollo de planes de acción climática. En este sentido, la planificación estratégica de la acción climática, en los niveles subnacionales o locales, resulta fundamental para hacerle frente al cambio climático. Y los planes de acción climática representan la principal herramienta utilizada para este fin.

Las empresas se suman a este análisis como actores con anclaje territorial que, independientemente del sector en el que operen, su tamaño y características particulares, también se pueden ver afectados por los impactos del cambio climático. Al respecto, cada vez más empresas identifican la importancia de colaborar con los gobiernos, en todos sus niveles, y de involucrarse en los asuntos vinculados a la planificación, financiación y aplicación de medidas de adaptación. La creación de alianzas estratégicas o coaliciones entre diversos actores del sector corporativo ha permitido que la voz empresaria se eleve en reclamo de una mejor implementación de las políticas de adaptación. Sin embargo, todavía estos temas siguen siendo de nicho y las corporaciones que se identifican con el paradigma corporativo tradicional o negacionista generan fuertes fricciones que impiden los avances y mejoras que se necesitan. Para alcanzar el nivel de ambición necesario que ponga freno al cambio climático, las empresas también deben reconocer la importancia de su accionar y todo el potencial que poseen como agentes de cambio.

Finalmente, se espera con este capítulo haber logrado una mejor comprensión acerca de la mirada subnacional de la adaptación al cambio climático. Y, en consecuencia, propiciar que se afiance el rol de los gobiernos subnacionales en materia de adaptación a este problema que nos concierne a toda la sociedad, lo que se traduce en una ventana de oportunidad para alcanzar comunidades y territorios más resilientes e inclusivos.

1) Un cobeneficio (desde la perspectiva de la adaptación) es un efecto positivo adicional de adaptación que puede obtenerse de una medida de planificación o política destinada a mejorar la mitigación (Grafakos et al., 2019; Berry et al., 2015).

2) Las sinergias positivas se producen cuando las interacciones entre las medidas de adaptación o mitigación conducen a mayores beneficios que cuando se aplican por separado, y representan más que la suma de las partes (Landauer et al. 2019).